23 may. 2017

La motivación, Capítulo XV. La motivación intrínseca I

Una vez finalizada la serie de posts sobre la Teoría de la Motivación, y como anuncie en el capítulo XIV con el que finalizaba la parte más general e histórica, pretendo seguir profundizando en algunas teorías, conceptos, personas o escuelas que puedan ayudar a ampliar el contenido de esta serie. Para cumplir con este objetivo me parece interesante hablar de la motivación intrínseca.

La motivación intrínseca, como ocurre con otros términos relacionados con el concepto de motivación, ha sido definida de múltiples maneras. Con ella se quiere agrupar aquellos comportamientos o acciones que tienen como principal motivo para realizarlos el mero hecho de su interés personal o el placer, sin ninguna influencia externa.

Se trata por tanto de una forma especial de considerar la motivación ya que no se estudia la motivación como un comportamiento humano dirigido a obtener un resultado determinado, es decir que no es exclusivamente un medio para obtener algo, sino que es un comportamiento que es un fin en sí mismo, que realizamos espontáneamente por el interés o el placer que conlleva su realización.

En opinión de los expertos la motivación intrínseca tiene como fundamento unas necesidades psicológicas que no pretenden dar satisfacción a unas necesidades sino algo muy íntimo como es el fortalecer la competencia, la autonomía o autoderminación y el desarrollo personal. Hay en el fondo un componente de placer, de disfrutar de esa acción sin esperar nada del exterior.

La necesidad de competencia lleva a las personas a actuar para de alguna forma poner a prueba sus capacidades o habilidades y, en la mayoría de los casos, ponerse metas a superar. El problema puede ser ponerse retos que excedan en demasía nuestras capacidades. Sin embargo, en general, desarrollar una actividad que va un poco más allá de lo ya realizado motiva intrínsecamente más que otras cosas que las podemos ver más lejanas, es una especie de circulo virtuoso que fortalece la motivación.

La autonomía, o también se podría hablar de la autodeterminación, está relacionada con la capacidad de controlar nuestro comportamiento, lo que conlleva poder elegir una u otra actividad y desarrollar nuestras competencias en una escala de progreso.

Una expresión ampliamente reconocida de lo que es la motivación intrínseca es el concepto de flujo, desarrollado por Mihaly Csikszentmihalyi del que ya hemos hablado bastante aquí. Se trata de un buen paradigma de momento en el que afrontamos una actividad que es una oportunidad para cumplir con un objetivo placentero que pone a prueba nuestras habilidades, un buen ejemplo de que estamos poniéndonos metas y cumpliendo con ellas.

Algunos expertos reconocen que la motivación intrínseca puede tener una componente derivada de recompensas externas, que serán diferentes dependiendo de cada persona y según sus sentimientos y experiencias y según el tipo de recompensa.

Tanto de los principales teóricos de la motivación intrínseca como de la teoría de la Evaluación Cognitiva lo veremos en próximos posts.

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