27 mar. 2018

De la naturaleza de las cosas, leer a Lucrecio ahora

Es uno de esos libros de los que se ha oído hablar de él con muchos elogios y durante mucho tiempo pero que por una u otra razón nunca se ha tenido la oportunidad de leer. Y de pronto un día se nos ocurre recuperarlo. En estos casos, sobre todo cuando pasa cierto tiempo y las ganas se van incrementando, se corre el riesgo de caer en una predisposición deformadora que nos determina la lectura, para bien o para mal. A mí, en este caso concreto, ha sido lo segundo, su lectura me ha resultado algo decepcionante.

Leer actualmente De la naturaleza de las cosas (De rerum natura), obra poética emblemática de Tito Lucrecio Caro, tiene sus inconvenientes y uno de los más importantes es tener a mano mucha más información científica de la que se disponía en los tiempos en los que está escrito el libro. Aun así, su lectura descubre interesantes perspectivas y curiosas asunciones que desde la lejanía temporal se ven con cierta sorpresa. No me arrepiento de haberlo leído.

No cabe duda de que es una obra singular, completa y que tiene un gran mérito pues consigue abarcar en un poema, dividido en cinco libros, todo un tratado científico de la naturaleza, una cosmogonía explicada a su amigo Memmio con la intención de convertirlo al epicureísmo. Pero, por lo menos para mí, reconociendo sus virtudes, es un libro que hoy día queda para los expertos estudiosos o fanáticos de los clásicos de Grecia y Roma, que no es mi caso, por la intensidad no porque no me guste leerlos.

Existen varias versiones y traducciones del libro, yo elegí la edición de Agustín García Calvo, un catedrático al que siempre tuve una gran estima. Incluye la traducción del abate Marchena (asi se conocía a José Marchena y Ruiz de Cueto) realizada en el siglo XVIII aunque publicada mucho más tarde, como bien explica García Calvo en su introducción. Este estudio introductorio es imprescindible para leer el libro en condiciones. Yo recomendaría leerlo saltando de las explicaciones de García Calvo al poema y viceversa porque muchas veces quedan frases ambiguas o incluso sin aparente sentido. Está también complicada la lectura por el castellano antiguo que se ha respetado en esta edición.

Poco se sabe de la vida de Lucrecio porque seguramente estaba condicionado por la manera de vivir de su gran maestro Epicuro, poco partidario de dar a conocer su vida, según cuentan. Se sabe que probablemente nació́ en Roma sobre el año 95 a.C. y se dice que se suicidó cuando tenía cuarenta y cuatro años.

De la obra me quedo con su admiración por Epicuro, o mejor dicho su adoración, que comparto, al que se cree que estudió teniendo como maestro a Zenón en Atenas, donde acudió financiado por su apoderada familia. Se dice que fue víctima de un envenenamiento que le produjo demencia (lo dice San Jerónimo) aunque parece un poco difícil escribir semejante tratado con problemas mentales. Probablemente lo decía por sus más que evidentes y militantes ideas antirreligiosas, que van más allá de las del propio Epicuro. Su ataque a los dioses es otro de los temas reseñables del libro. Quizás por ello su obra fue bastante censuraba y ocultada en aquella sociedad romana inmersa en corrupciones políticas y morales.

Pero me voy a detener aquí para no alargar esto demasiado. En una segunda entrega hablaré algo de los contenidos que tienen más interés para este blog. Continuará...(Ver post).

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